Hoy somos los consumidores los que les decimos a las empresas qué queremos y para eso necesitamos que haya un ida y vuelta. La comunicación a través de campañas de emailing nos ayudan a establecer un vínculo con nuestros usuarios y saber qué es lo que quieren.

Ya te contamos la importancia de ser un buen recuerdo para las personas en su experiencia de compra. Hoy vamos a hablar de otra manera de trabajar en la relación con el cliente: el email marketing.

Nuestras bandejas de entrada reciben en promedio unos 10 emails a la semana con asuntos imperativos e intrigantes, que nos gritan: “¡¡¡¡UNA OPORTUNIDAD QUE NO TE PODÉS PERDER!!!!” o “MARIANA, SOMOS LO QUE ESTÁS BUSCANDO”. 

Hasta hay algunos más creativos que pensaron que poniendo Re: nos iban a engañar para abrir el email; como si no nos diéramos cuenta que a ese sujeto nunca lo habíamos contactado en primer lugar. Bien, todos estos correos son enviados a una zona en donde no pueden molestarnos más, llamada “Carpeta de SPAM”.

Como marketineros – o emprendedores/empresarios llevando a cabo una acción de marketing – esto es una fatalidad que no podemos permitir.

Primero lo primero, tu base de datos:

La base de datos va a ser tu hoja de ruta al momento de pensar una campaña de emails ¿Por qué? Porque es un listado de personas que te compraron o estuvieron cerca de hacerlo y que aceptaron voluntariamente darte su información para recibir noticias tuyas de vez en cuando. Parece bastante obvio, pero esto es fundamental para el éxito de la comunicación.

Todos dimos alguna vez nuestros datos a diferentes empresas, a veces como un paso obligado para lograr un objetivo – no es lo más recomendable – y siempre temiendo que eso nos perjudicaría a futuro.

Por eso, cuanto más analizada esté tu base y cuanto más procesada esté la información de las personas que la integran, más afinada va a estar tu puntería. Vas a poder darle justo lo que ellos necesitan en el momento en el que lo están buscando.

Es probable que no le hables de la misma manera a una persona que compró en tu tienda hace dos años por un monto muy pequeño que a otra que todos los meses hace una inversión considerable en tus productos. No es necesario ser muy rebuscado, con sólo cruzar alguna información básica como por ejemplo fechas de compra, frecuencia, antigüedad del cliente, productos que eligió, etc., podemos hacernos una idea de cómo hablarle a las personas.

Mirá quién volvió:

Así es, te voy a hablar del contenido. Otra vez. Ninguna acción tiene sentido sin un objetivo claro en mente y sin planificar nuestro trabajo alrededor suyo. Así que pensá bien ¿Qué querés decirles a tus clientes o a tus potenciales clientes? Puede ser que te interese hablarles de los siguientes temas:

  • Una promo por tiempo limitado.
  • El lanzamiento de un nuevo producto.
  • La apertura de un nuevo local // Nueva sección en tu tienda online.

Todo eso está muy bien, pero si se trata de una comunicación meramente comercial, espaciala. Las personas nos aturdimos si recibimos continuamente sólo ofertas y promociones.

También podés hacer hincapié en la experiencia de tu usuario y preguntarle cómo se sintió durante el momento de la compra, si cambiaría algo de poder hacerlo o si tiene alguna sugerencia para ayudarte a darle un mejor servicio.

Esta información es invaluable, por eso tenés que facilitarle el proceso de respuesta: insertá un formulario de Google muy simple con pocas preguntas pero relevantes. En este mismo sentido, podés pedirles a las personas que te califiquen en algún sitio de reviews importante para tu  rubro o incluso en tu fanpage.

Los usuarios tomamos un rol cada vez más activo en la experiencia de compra: queremos contar nuestra opinión y compartirla con otras personas.

Cómo lograr que las personas lean tu email y no morir en el intento:

Si nunca hiciste una campaña de emailing o nunca enviaste un newsletter digital, estás por emprender un camino que se va a fundar en prueba y error.

Vas a testear cómo funciona determinado texto, o cómo responden las personas a un diseño o a otro, qué asunto es el que funciona, cuáles son los mejores días para que reciban tu correo y a qué hora la tasa de apertura es más alta. Este término me queda justo para introducirnos en las métricas.

Es fundamental medir qué pasa con cada uno de los envíos que hacés para tener claro qué es lo que funciona y qué no. Hay unas cuantas métricas para analizar, pero como estamos empezando, vamos a enfocarnos particularmente en algunas:

Rebote: estos son los emails que se devuelven a nuestra bandeja de entrada porque hay algún error durante el envío. Es importante que supervises la tasa de rebote. Si no, probablemente sigas enviando e-mails a direcciones inválidas, desperdiciando tus esfuerzos.

Tasa de clicks: acá analizamos cuántos clicks se hacen en los enlaces que insertamos en el cuerpo del correo. 

Si no vas a usar un software de emailing que mide todo esto automáticamente, podés revisar vía Analytics si las páginas a las que estás apuntando reciben más visitas y si esas personas le dedican tiempo a revisar la información que estás compartiendo.

Para lograr más clicks en tus enlaces, hacé llamados a la acción que sean atractivos para los lectores, ofreceles información interesante. Acá van algunos ejemplos:

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Bajas: siempre, pero siempre, dale la opción a las personas para que se den de baja de tu lista de emails si no quieren recibir más información. De este modo tu base de datos se mantiene limpia y orgánica con contactos relevantes para tu negocio.

Observá cuántas personas de tu lista eligen no recibir tus correos.

Hacela fácil:

Que nuestros clientes reciban correctamente el email y lo abran es sólo el primer paso. Es necesario trabajar mucho en los detalles para mantenerlos interesados y que sigan el recorrido que pretendemos.

Cuanto menos compliques tu forma de hablarles o la información que querés compartirles tenés más posibilidad de éxito. No uses asuntos agresivos o engañosos. Escribí de forma clara y concreta, preferentemente no te extiendas demasiado -nuestro lector siempre tiene la atención dividida en varias cosas-. Sobretodo trabajá conociendo a tu cliente: cómo es, qué necesita y qué le podés dar.

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